La reforma electoral de 2013 y la “anulación” de los votos nulos…

¿Qué pasaba antes si se anulaba un voto? La respuesta dependía del número de votos nulos. Durante los últimos 25 años, los votos nulos sólo tuvieron una función legal: ser contabilizados para conocer el total de votos depositados en urnas y con ello determinar qué partidos obtenían el umbral necesario para mantener el registro, que fue del 1.5 por ciento en 1991 y 1994; 2 por ciento de 1997 a 2012; y 3 por ciento de 2015 en adelante.

De acuerdo con la última reforma electoral de 2013 (http://www.senado.gob.mx/sgsp/gaceta/62/2/2013-12-13-1/assets/documentos/Dictamen_reforma_politica.pdf) los votos nulos, en blanco, o por candidatos no registrados carecen de toda importancia legal. La explicación es simple. El nuevo artículo 41, fracción I, cuarto párrafo de la reforma constitucional de diciembre de 2013, que aún está pendiente de ser avalada por la mitad más una de las legislaturas de los estados, establece de que “el partido político nacional que no obtenga al menos el tres por ciento de la votación válida emitida en cualquiera de las elecciones que se celebren para la renovación del Poder Ejecutivo o de las Cámaras del Congreso, le será cancelado el registro”.

En otras palabras, las cuentas del tres por ciento deberán hacerse “sobre los votos declarados válidos”, pues los votos de cada partido se dividirán entre la suma de los votos de todos pero después de eliminar los votos nulos, en blanco y por candidatos no registrados. Esto implica que el denominador se reduce, pues ya no se tomarían en cuenta los votos nulos (antes de esta reforma sí se consideraban todos los votos en el denominador, la así llamada “votación total emitida”).

Si bien los votos nulos nunca fueron utilizados para repartir diputados, calcular financiamiento o tiempos en medios de comunicación de manera directa, sí incidían en el momento de determinar si una organización política alcanzaba el umbral para mantener el registro partidario, y si lo obtenía, con los votos de los partidos que sobrevivían se conforma un nuevo total y ese nuevo total servía de base para todas las cuentas que las leyes y reglamentos establecían para repartir diputados, dinero y tiempos en radio y televisión. Por todo ello, ese partido que sobrevivía tenía derecho a diputados plurinominales y a financiamiento público, acceso a radio, televisión y un largo etcétera.  Pero ¿qué ocurría si un partido no alcanzaba el mínimo necesario? Al perder el registro, ese partido dejaba de tener derecho a diputados, financiamiento y acceso a medios, debiendo informar del dinero y bienes existentes, atender las auditorías y pagar deudas. Aunque la regulación sobre las consecuencias de la pérdida de registro no ha cambiado, sí llama la atención que anular el voto, que antes tenía un impacto legal, hoy, con la nueva reforma electoral ya no lo tiene.

Desde luego que técnicamente, los votos por candidatos no registrados son legales y se deben computar sin distinguir nombres; en tanto que los votos en blanco técnicamente son votos nulos. Y los votos nulos como tal, se definen como aquellos donde el elector tacha dos o más partidos que no están aliados. Desde luego la ley no distingue entre anulación intencional o no.

El efecto de votos nulos, en blanco o por candidatos no registrados hasta 2013 pudo ser 1) influir en la pérdida de registro de partidos políticos –básicamente los minoritarios-; 2) con menos partidos diputados, dinero y tiempos de los partidos que no alcanzaron registro se iban a los partidos sobrevivientes; y 3) sólo si el número de votos nulos era increíblemente alto, varios partidos perdían su registro. Las tres consecuencias estaban en función del número de votos nulos. Veamos.

La primera consecuencia. Por ejemplo, sea una elección con un total de 100 votos depositados en las urnas y un partido, el partido del rombo, que obtuvo dos votos. De acuerdo con la ley vigente hasta 2012, el partido del rombo mantenía su registro y tendría derecho a diputados, dinero, etcétera. Ahora imaginemos esa misma elección con 101 votos, debido a un elector adicional que “harto del sistema” anula su voto. ¿Pasa algo? Ningún partido recibió votos adicionales y algunos dirían que “se desperdició” un voto. Sin embargo, sí existen dos efectos en este ejemplo: a) el partido del rombo perdería su registro, porque 2 votos entre 101 es igual a 1.98%; y b) los diputados que recibiría el partido del rombo ahora se repartirán entre los partidos restantes. (La única forma de no observar esta consecuencia sería que nuestro elector 101 votara por el partido del rombo). La pregunta es si esto ha ocurrido en la realidad, y sí, fue el caso de DS en 2000, como se aprecia en esta historia de las pérdidas de registro compilada por el IFE (http://www.ife.org.mx/portal/site/ifev2/Historico_sobre_perdida_de_registro/;jsessionid=3D2vScnT9jzTQ6y9CbrBJlWKZCMCQ2xXQQGBpvnyGnDf840Fphkv!1941664640!NONE)

La segunda consecuencia es automática, es decir, los diputados se reparten entre las demás fuerzas que sí sobreviven, con clara ventaja para los partidos mayoritarios pero por razones de fórmulas.

La tercera consecuencia. La probabilidad de que el número de votos nulos fueran tan alto que nadie mantenga su registro es prácticamente cero, pero era una posibilidad claramente establecida en la ley previa. Matemáticamente es simple: alrededor de 68 millones de electores anulando su voto forzarían a la desaparición de todos los partidos políticos asumiendo un umbral del dos por ciento. Hoy, con la nueva reforma electoral no importa si un millón u ochenta millones anulan su voto. Esos nulos ya no afectan al umbral del registro partidario, que siempre ha estado por debajo de la proporción de nulos, como se aprecia en la gráfica.

Desde luego observar que más de 68 millones de electores anulen su voto (¡alrededor del 85 por ciento del padrón en 2012!) es algo que francamente no va a ocurrir, simplemente por la menor asistencia a las urnas que se observa desde 1994 como se documenta en este sitio del IFE (http://www.ife.org.mx/portal/site/ifev2/Participacion_Ciudadana/).  El punto es que hoy ni siquiera se puede suponer un escenario de anulación masiva de votos que elimine partidos del sistema, porque aún cuando esto se observara, con la nueva reforma de 2013 la anulación masiva ya no tendría ninguna consecuencia legal.

Así visto, los votos nulos, en blanco o por candidatos no registrados que sí tenían un solo efecto legal hasta 2012, el de potencialmente influir en si los partidos políticos mantenían o no su registro, hoy ya no importan más allá de una mera manifestación de posición política, pues hasta ese efecto legal se ha desvanecido con la nueva reforma electoral.

Image

About Alejandro Diaz Dominguez

Professor, School of Government at Tecnológico de Monterrey. PhD in Political Science at Vanderbilt University. [religion and politics, R, surveys, electoral management bodies] Twitter: @alejdiazd https://orcid.org/0000-0002-3856-5686 View all posts by Alejandro Diaz Dominguez

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: