Los rasgos políticos del proceso de Jesús (un poco de teología política)

Después de leer y escuchar a lo largo de los años diversos análisis respecto a la participación eclesial en la política, resulta oportuno compartir un breve análisis del proceso de pena capital que se siguió a Jesús de Nazaret, para distinguir en este debate dos posturas: quienes creen que la acción política de la iglesia es prioritaria y quien creen que es derivada.

La primera tesis es que Jesús de Nazaret muere sin la comprobación de cargos civiles aún cuando es una autoridad civil la que le da muerte. La segunda tesis es que Jesús enfrenta dos juicios de fuero distinto, uno ante la máxima autoridad religiosa agrupada en el Sanedrín y otro ante el poder civil, representado por los responsables del gobierno romano entre los judíos. La tercera es que muere a manos del poder político.

El juicio realizado por la autoridad máxima a nivel religioso parece haber sido ilegal porque los preceptos judíos impedían celebrar un proceso capital por la noche, además de la presentación de testigos con testimonios contradictorios, que acusan a Jesús de: 1) trabajar en sábado (curando enfermos), 2) no respetar las tradiciones (sus apóstoles no sólo arrancaron espigas en sábado, sino que además, no se lavaban hasta el codo como lo marcaba la tradición) y 3) atentar contra el templo en Jerusalén, profetizando su destrucción y reconstrucción en tres días (los que median entre el Gólgota y la resurrección).

Los judíos podían imponer la pena capital en tres casos: por adulterio, blasfemia, o por hallar a un falso profeta. Correspondían lapidación (muerte a pedradas) para los dos primeros casos, y despeñamiento (arrojar al enjuiciado desde un lugar alto) en el tercero. Llama la atención que el proceso religioso en contra de Jesús se haya inclinado por la acusación de blasfemia, pues el cargo se configura con la respuesta de Jesús a pregunta expresa sobre si en efecto, es hijo de Dios. Ante ello, el Sumo Sacerdote que preside el Sanedrín muestra su indignación, al rasgarse las vestiduras. Sin embargo, el castigo no fue lapidar a Jesús. En este punto, se suele argumentar que si el Sanedrín acepta que Jesús es Hijo de Dios -aún como blasfemia- implicaría suponer que hay un dejo de concepción trinitaria, lo que para la época era casi imposible de establecer, ya que incluso los apóstoles empiezan a caer en la cuenta de la existencia de tres personas en un solo Dios hasta después de la resurrección.

Hasta aquí el juicio religioso. El Sanedrín lleva el proceso de Jesús ante Pilato (gobernador romano designado para la comunidad judía) bajo tres argumentos: 1) no tenemos facultades para matarlo, 2) el cargo religioso es blasfemia, el cargo político es subversión, 3) si la representación romana no cumple con esta petición religiosa, incumplirá con su lealtad política: “si lo dejas libre no eres amigo del César”.

El argumento “no tenemos facultades para matarlo” parece contradecir a la Mishná que contiene una serie de preceptos jurídico-religiosos: facultades religiosas las tienen como vimos en los párrafos anteriores. Su no ejercicio sólo puede deberse a dos causas: 1) la no comprobación de cargos y 2) asegurar la sobrevivencia ante el poder político: “más vale que perezca un hombre y no toda la nación”. Este cálculo se ejemplifica mejor ante la liberación de Barrabás, encarcelado por homicidio en una revuelta, cuya acción política es vista como menor frente al “arrastre” y autoridad moral de Jesús a ojos del Sanedrín, y a ojos del poder romano inclusive. Aquí hay una posible contradicción: si se dice que el Sanedrín no contaba con facultades para penas corporales, entonces, la guardia del Sanedrín que detiene a Jesús, tampoco podría ser considerada legal, porque el arresto debería haber sido reservado a la autoridad civil.

El siguiente argumento (blasfemia y subversión) se divide en dos: formalmente no se daría por comprobada la blasfemia si se considera que 1) de noche no es válida la sesión y 2) por ende, lo que procedería es la reposición del procedimiento, que no ocurre. Dada la muy probable ausencia de referencias trinitarias en aquella época, podría considerarse que el testimonio de Jesús al declararse Hijo de Dios no pudiera ser considerado como blasfemia en términos formales. Blasfemia sería pronunciar el nombre de Dios entre paganos (los no circuncidados), como se acostumbró desde la cautividad en Babilonia -600 a.C.- cuando en la lectura se hacía un silencio para evitar que el nombre de Dios fuera profanado.

La parte política se muestra en Lc 23,2-3, cuando la asamblea acusa a Jesús ante Pilato de 3 cargos: 1) ser un agitador, 2) rechazar el pago de impuestos y 3) proclamarse rey enviado por Dios. La agitación no se discute ni comprueba en el juicio religioso. El rechazo de Jesús al pago de impuestos no se acredita, pues paga sus impuestos al templo (Lc 17, 22-27) y al gobierno (Lc 22, 15-22). Sin embargo, este argumento sobre el pago de impuestos nunca sale a relucir en el Sanedrín. Finalmente, la realeza que se deriva de la declaración de Jesús, respecto al poder de ser hijo de Dios, sí era fácilmente asimilable a la figura del Libro de Daniel (7, 13-14), por la visualización mesiánica y de poder que sobre el reinado de Dios existía entre los escribas, fariseos y maestros de la Ley, pues conocían bien la escritura. En ese sentido, el contexto de posible insurrección judía en tiempos de Jesús sí suponía un mesías civil, y de ahí que diversos teólogos en América Latina consideraran plausible esta lectura política de la pasión (Carlos Bravo 1994; Jon Sobrino 1994).

El último argumento es un también un argumento político: la sumisión de los sacerdotes a Roma (Jn 19,15). Esto implica que 1) aseguran su permanencia política y 2) llevan a Jesús al campo público: si según ellos dictaminaron que ya se ha declarado rey, entonces va contra el César (Jn 19,12), por lo tanto, políticamente no conviene que continúe predicando. Los zelotas por su parte (era un grupo político que algunos historiadores etiquetan como insurreccionista) parecen apoyar esta moción sacerdotal al preferir que suelten a Barrabás. De esta manera, se consuman dos alianzas: los sacerdotes con los zelotas y los herodianos con Pilato, ya que Herodes como encargado de la provincia de la cual provenía Jesús, procedió a interrogarlo sin obtener respuesta alguna, y lo devolvió a Pilato con un manto blanco, reconociendo su inocencia ante el cargo de realeza, pero sin absolución alguna, lo que también significó el reconocimiento de la autoridad de Pilato ante este caso.

Pilato como bien se sabe, se desarrolla como un juez débil que sin pruebas ni convicción (termina literalmente lavándose las manos) sentencia al acusado a la pena capital tomando el caso en su jurisdicción civil, pues la muerte en la cruz era tradición romana y no judía. Como también se sabe, la escolta que lleva a los procesados al Gólgota no es ya la guardia del Sanedrín, sino son los soldados del ejército romano.

Hasta aquí el juicio. ¿Conclusiones? Resaltan diversas ilegalidades en los procesos religioso y civil, la conformación de alianzas en aras de la sobrevivencia política y el cálculo de alta peligrosidad que sobre Jesús hacían los diferentes grupos. Finalmente, cada analista podría incluso etiquetar con grupos actuales a los aquí referidos. Sin embargo, mi intención no es ésa: lo que se pretende es sugerir que Jesús muere a manos del poder civil tras diversas alianzas sin que le fueran comprobados los cargos. De esta lectura, no es posible concluir que el interés de Jesús haya sido primariamente político. Que sus acciones tuvieran consecuencias políticas es un debate diferente. Así con la participación de los fieles y los ministros en tanto creyentes: de existir consecuencias políticas, son exactamente éso, consecuencias y no acciones prioritarias…

 

Referencias

Bravo, Carlos 1994. “Jesús de Nazaret, el Cristo liberador”. en Ellacuría, Ignacio y Jon Sobrino (eds.). Mysterium liberationis: conceptos fundamentales de la teología de la liberación. Madrid: Trotta.

Sobrino, Jon. 1994. “Cristología sistemática. Jesucristo, el mediador absoluto del Reino de Dios” en Ellacuría, Ignacio y Jon Sobrino (eds.). Mysterium liberationis: conceptos fundamentales de la teología de la liberación. Madrid: Trotta.

About Alejandro Diaz Dominguez

Professor, School of Government at Tecnológico de Monterrey. PhD in Political Science at Vanderbilt University. [religion and politics, R, surveys, electoral management bodies] Twitter: @alejdiazd https://orcid.org/0000-0002-3856-5686 View all posts by Alejandro Diaz Dominguez

2 responses to “Los rasgos políticos del proceso de Jesús (un poco de teología política)

  • René Pérez Díaz

    Un análisis detallado y profundo del caso Jesús. Sin duda, además de verlo desglosado desde el aspecto legal y político, nos ayuda a entender la relación entre fe y política.
    !!Felicidades primo!!

  • obojonah.m

    Shalom,
    Pero señor, la misión del cristiano no es politica, Yeshúa al iniciar su misión publica en su querida Galilea, excluyó toda politica.
    Qué empeño de los jesuitas de politizar la misión de los cristianos con su teologia marxista.
    No compañero, hay que ser muy opacos politicamente, hasta apoliticos, porque lo contrario puede llamarse Ud. teologo de la liberacion.
    No es correcto su enfoque, y no es ni será nunca aprobado por la Misión.

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