Monthly Archives: May 2014

Encuestas y la reforma electoral 2014: primeros apuntes (actualizado)

El viejo artículo 237, párrafo 7 del COFIPE de 2008 señalaba que “las personas físicas o morales que pretendan llevar a cabo encuestas por muestreo para dar a conocer las preferencias electorales de los ciudadanos o las tendencias de las votaciones, adoptarán los criterios generales de carácter científico, que para tal efecto emita el Consejo General” del entonces IFE. La reforma de 2008 agregaba “previa consulta con los profesionales del ramo o las organizaciones en que se agrupen”.

 

Las reglas para encuestas entre 2008 y 2012 únicamente aludían a criterios generales de carácter científico, es decir, a los contenidos básicos, tales como las preguntas textuales, es decir, transcritas tal cual se formularon, el universo a encuestar, las características de la muestra, el diseño de muestra y las técnicas de muestreo, el margen de error, el nivel de confianza, el tipo de entrevista (si en casa, si por teléfono), las tasas de rechazo, la identificación de no respuestas y las fechas de levantamiento, entre otros.

 

Estos criterios generales incluirían posteriormente la entrega de la base de datos de las variables publicadas, como se observó en algunos casos para las elecciones de 2012, según lo reporta este repositorio del entonces IFE.

 

La ley electoral que recién aprobaron los legisladores en este mayo de 2014 señala, ahora en el artículo 213 que “el Consejo General emitirá las reglas, lineamientos y criterios que las personas físicas o morales deberán adoptar para realizar encuestas o sondeos de opinión”.

 

Aquí en el artículo 213 ya no se alude a los “criterios generales de carácter científico” que venían desde la reforma de 1996, pero al señalarse que el ahora INE (antes IFE) debe emitir “reglas, lineamientos y criterios” para que sean adoptados por quienes levanten “encuestas o sondeos de opinión”, se puede intuir que esas reglas y criterios quizá recuperarán, en alguna medida, los “criterios generales de carácter científico” que en pasados procesos electorales ya se han discutido.

 

Una nueva alusión a dichos criterios se halla en el artículo 251, párrafo 7. Debe decirse que la regulación en materia de encuestas no se halla en un apartado único de la ley electoral, sino que existen referencias en muy diversos párrafos y artículos.

 

También destaca que el artículo 213 ya no incluyó aquello de “previa consulta con los profesionales del ramo o las organizaciones en que se agrupen” los encuestadores, pero sí se retoma en el artículo 251, párrafo 7. Esto desde luego, no podría significar que con independencia que el INE desarrolle y apruebe los criterios ejerciendo y asumiendo sus facultades de ley, se omita en su diseño esa parte deliberativa, consultiva, donde quienes se encuentren alrededor del mundo de las encuestas seguramente tendrán aportaciones interesantes al debate.

 

Como ya lo anuncia la propia exposición de motivos de esta reforma “las reglas aplicables para transparentar el financiamiento, la metodología y los resultados de las encuestas que se difundan, relativas a las preferencias electorales, así como las fechas límite para llevar a cabo su difusión” parecen ser una parte importante parte de la reforma.

 

Un punto interesante de la reforma 2014 es que la ley electoral establece que “las personas físicas o morales que difundan encuestas o sondeos de opinión deberán presentar al Instituto o al Organismo Público Local un informe sobre los recursos aplicados en su realización en los términos que disponga la autoridad electoral correspondiente”.

 

Esto significa que ahora los costos serán parte de esos criterios. Lo que decía la ley en 2008 era que quienes levantaban encuestas públicas debían “entregar copia del estudio completo al secretario ejecutivo del Instituto, si la encuesta o sondeo se difunde por cualquier medio”. Ahora ese estudio debe incluir los recursos utilizados según lo requiera el ahora INE.

 

Debe decirse que los criterios mínimos para difundir encuestas por parte de diversas organizaciones de encuestadores, como los emitidos por AAPOR incluyen “who sponsored the research study, who conducted it, and who funded it, including, to the extent known, all original funding sources”, es decir, quién o quiénes patrocinaron y pagaron el estudio, así como quién lo llevó a cabo.

 

La reforma 2014 básicamente agrega costos, recursos utilizados en las encuestas. Lo que sí se mantuvo en la reforma fue el periodo de veda para difusión de encuestas, que hace 20 años era de una semana, pero que a partir de 2008 y para esta nueva reforma se mantiene en tres días antes de la jornada electoral, es decir, el miércoles anterior.

 

Por último, un punto también relevante es que la reforma establece en el párrafo 1 del nuevo artículo 213 que el INE establecerá las reglas sobre encuestas y sondeos para las elecciones federales y para las elecciones locales. Por ello se dice en ese mismo párrafo que “los Organismos Públicos Locales realizarán las funciones en esta materia de conformidad con las citadas reglas, lineamientos y criterios”. Esto significa que los criterios que emita el INE deberán emplearse en los órganos electorales de las entidades federativas.

 

Este último punto remite al debate entre uniformidad y dispersión normativa en materia de encuestas en los procesos electorales a nivel país. La reforma, según se puede desprender de la lectura de la exposición de motivos y del articulado, opta por la uniformidad.

 

Quizá esto ayude a los encuestadores a no seguir enfrentando la dispersión normativa para poder levantar encuestas, como explicaban Yuritzi Mendizábal y Alejandro Moreno en el Enfoque de Reforma del domingo 30 de junio de 2013. En ese texto referían que algunos órganos electorales requerían de un domicilio para ser notificados en la capital de la entidad respectiva, otros ya requerían la base de datos, un registro previo para poder levantar, o copias del estudio antes de su levantamiento.

 

En este mismo sentido, alguna vez Francisco Abundis de Parametría me refirió hace una década las dificultades para levantar una encuesta local en 2003, pues el órgano electoral le exigía una fianza que excedía el pago inicial, pago que su cliente había diferido para el final del estudio.

 

En conclusión, aunque la nueva regulación agrega a nivel de ley la inclusión de costos y la uniformidad de criterios en todo el país, es decir, para elecciones federales y locales, pareciera que aún queda un debate respecto a esos contenidos para las “reglas, lineamientos y criterios” que debe emitir el INE respecto de “encuestas o sondeos de opinión en el marco de los procesos electorales federales y locales”.


El PRD en sus 25 años: una historia de identificación partidista y voto (actualizado)

 

En el “post” más reciente El PRD en sus 25 años: una historia de identificación partidista se mostraban los diferentes porcentajes de identificación partidista que el PRD ha alcanzado en este cuarto de siglo. En esta breve “actualización”, se ofrecen los mismos datos de porcentaje de identificación partidista a nivel nacional junto con el porcentaje de votos alcanzado por el PRD de 1991 a 2012. Se emplearon dos tipos de elecciones, las de diputados de representación proporcional y las elecciones presidenciales, según correspondía.

 

Para las elecciones de 1994, 2000, 2006 y 2012 se utilizaron los porcentajes de voto de las elecciones presidenciales tal como el partido compitió, es decir,  para 1994 el PRD compitió en solitario, mientras que en 2000, 2006 y 2012 fue en coalición.  Para las elecciones de diputados de representación proporcional de 1991, 1997, 2003 y 2009 el PRD participó en solitario, y esos datos así se tomaron. La fuente fue el atlas electoral.

 

Como se observa en la gráfica, a excepción de 2009, una elección que usualmente es recordada por el abstencionismo y los llamados al voto nulo, el porcentaje de votos excede al porcentaje de personas que reportaron identificarse con el PRD. Esto parece ir en línea con la teoría, es decir, un partido recibe votos principalmente de su base social leal (a veces llamado “voto duro”) y de quienes no se declaran sus simpatizantes pero resultan, por diversas razones afines con el partido y por ende, votan por éste.

 

Destaca que el promedio de votación del PRD, tal y como se ha presentado a las urnas, esto es, en coalición en las últimas tres elecciones presidenciales y en solitario para el resto de los casos, es de 20 por ciento, mientras que su promedio histórico de identificación partidista se ubica en 12 por ciento.  Esto significa que para estos 25 años, que un poco más de la mitad de ese 20 por ciento de votos muy probablemente proviene de quienes se identifican como perredistas, y el resto de electores independientes.

 

Finalmente, respecto a la pregunta de cómo una elección pudiera generar identificación, pareciera que la elección intermedia de 1997 se podría asociar con una mayor simpatía por el PRD en los meses siguientes. La analogía para explicar este fenómeno es relativamente simple, si un equipo avanza a las finales o llega a disputar un campeonato, sus seguidores van a aumentar, tanto nuevos como aquellos que siempre habían apoyado al equipo. Quizá 1997 pudiera haber significado el llegar a las finales y con ello generar nuevos simpatizantes.

 

Las elecciones de 2006 y 2012 no parecieron haber estado tan asociadas con este mismo fenómeno. La elección de 2006 sí generó algunos meses de simpatía, pero ésta se empezó a diluir hasta que dos años más tarde, la simpatía por el PRD  regresó a su promedio histórico. La elección de 2012 donde el PRD como coalición volvió a rebasar los 30 puntos, tuvo una simpatía asociada de 17 por ciento, una distancia de cinco puntos si se considera que el PRD le aportó a la coalición de izquierda el 22.2 por ciento de los votos.

 

El resultado de 2012 sin embargo no pareció asociarse con una mayor identificación partidista con el PRD, puesto que ésta ha descendido más allá de su promedio histórico en los dos últimos años, quizá debido, al menos en parte, como ya se había mencionado en el “post” más reciente, a que PT y MC han actuado por su lado y al probable registro de MORENA como partido político nacional, donde nuevos reacomodos dentro de la izquierda mexicana pudieran observarse en los años siguientes.

 

En síntesis, pareciera que quizá las elecciones exitosas sí pueden ayudar a los partidos a generar simpatizantes que sean leales, esto es, que voten en las elecciones siguientes por el mismo partido, pero también parece ser que dicho éxito requiere en alguna medida de ser acompañado por una cierta unidad, sea dentro del propio partido, o sea dentro de la coalición electoral a la que éste pertenecía.

 

Aunque preservar ambos tipos de unidad, tanto la interna, como la externa dentro de la coalición, resultan relativamente difíciles de alcanzar, sí pareciera un requisito para que partidos con elecciones exitosas conserven y/o aumenten sus simpatizantes, más allá de los electores independientes que puedan votar por ellos. El caso del PRD, a pesar de lo limitado de esta evidencia preliminar, pareciera sugerir que en efecto, al menos la unidad interna quizá le resultaría relativamente útil en un futuro cercano.

 

prdpidvote


El PRD en sus 25 años: una historia de identificación partidista

La “orientación afectiva hacia un objeto del ambiente político” (Campbell et al 1960: 121), es decir la identificación partidista, como la definió el texto clásico del American Voter proviene, entre otras fuentes, del proceso de socialización, generalmente en el núcleo familiar en conjunto con la edad. Para una revisión del concepto y su uso en México conviene revisar a Alejandro Moreno (2009).

La identificación partidista con el entonces llamado “partido que nació el 6 de julio” (de 1988), como solía llamar Cárdenas al PRD en sus inicios, puede contarnos, a través de sus 25 años, una buena parte de la historia política y electoral del México reciente.

La única gráfica de este breve “post” muestra 104 encuestas nacionales entre 1989 y 2014 donde se preguntó por la identificación partidista con el PRD. Aunque la compilación es preliminar, pareciera mostrar que en efecto, de agosto de 1989 a marzo de 2014 el promedio de identificación con el PRD fue de 12 por ciento. Adicionalmente, después de la controvertida elección presidencial de 1988 el ya recién formado PRD contaba con el 16 por ciento de las simpatías.

Desde ese entonces y hasta 1997 las simpatías no rebasaron el promedio del periodo que es del 12 por ciento. Diversas razones pueden explicar esta tendencia. Una de ellas se relaciona con la represión selectiva durante la administración de Salinas al PRD, principalmente en Michoacán y Guerrero (Calderón 1994), además de la muy estudiada “recuperación oficial” en términos electorales, impulsada en alguna medida por los programas sociales de ese entonces, como solidaridad (Moreno 1993 http://estepais.com/inicio/historicos/33/8_ensayo_agosto%201991.pdf).

Para la elección de 1997 el PRD alcanza su punto máximo de acuerdo con los datos aquí compilados. Sin embargo, dicha simpatía no se mantuvo por mucho tiempo, regresando paulatinamente al promedio del 12 por ciento para la elección presidencial de 2000.

Gradualmente, el PRD se fue recuperando, empezando a exceder su promedio histórico en 2003 e incluso casi alcanzando el 25 por ciento de las simpatías en la polémica elección presidencial de 2006. La historia sin embargo, empezó a cambiar en los años inmediatos siguientes, donde el PRD regresó a su promedio histórico. Será hasta 2011 cuando se observe un nuevo repunte, que alcanzará los 17 puntos de identificación partidista previo a la elección de 2012, donde López Obrador se presentará como candidato del PRD por segunda ocasión.

En los últimos dos años la identificación con el PRD ha registrado un gradual descenso hasta rondar los 10 puntos. Como bien se sabe, a partir de 2008 el PRD ha enfrentado cierta competencia por otros partidos de izquierda, como el PT y Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano), con quienes también se ha aliado en diversas elecciones federales y estatales. Con el muy posible registro de MORENA, se podrían observar nuevos reacomodos entre los partidos de izquierda, tanto en términos electorales como de simpatía partidista.

Finalmente, debe precisarse que la inclusión de datos adicionales seguramente enriquecerá la gráfica, en la que por ahora se han incluido 104 encuestas de 13 casas entre agosto de 1989 y marzo de 2014. Incluso considerando lo limitado de los datos compilados, lo aquí narrado y observado sería, desde la perspectiva de la opinión pública, una interpretación plausible de la historia del PRD en estos 25 años.

 

Image

 

Calderón, Marco Antonio. 1994. Violencia política y elecciones municipales. Zamora: El Colegio de Michoacán.

Campbell, Angus, Philip E. Converse, Warren E. Miller and Donald E. Stokes. 1960. The American Voter. New York: John Wiley & Sons Inc.

Moreno, Alejandro. 1993. “Agosto del 1991: Por que se voto por el PRI?” Este Pais 33, Diciembre.

Moreno, Alejandro. 2009. La decisión electoral. Votantes, partidos y democracia en México. México: Miguel Ángel Porrúa.

 

 


%d bloggers like this: