Sobre la distribución de escaños plurinominales en México (actualizado junio 2015)

He recibido algunas preguntas en torno a este complejo y espinoso tema, en particular respecto al cálculo para asignar diputados plurinominales y las variantes de la fórmula general en cada una de las entidades federativas. Desde luego que el ejercicio numérico se incluye al final y se ofrece también un breve “marco teórico”.

En las democracias liberales, para la integración de las cámaras se utilizan diversos sistemas electorales, los cuales realizan, bajo diversos supuestos, la transformación de votos en escaños. En términos generales existen dos principales sistemas: el de mayoría y el de representación proporcional.

En el sistema de mayoría el partido que alcanza más votos gana el puesto en juego, aunque existen variantes, es decir, puede ganar quien obtenga tan solo un voto más (mayoría relativa) o bien, quien alcance un determinado porcentaje de votación, (51% de la votación – mayoría absoluta por ejemplo).

Los sistemas de representación proporcional tienen como principal objetivo eliminar el sesgo que producen los sistemas de mayoría, ya que en dichos sistemas los partidos que no obtienen la victoria, terminan no dando cabida a todos los votos recibidos, es decir, parte de su porcentaje de votación no se traduce en representación alguna. Un ejemplo de ello fue el Partido Liberal en la Inglaterra de 1974, que con el 18.3% de la votación obtuvo el 2% de las curules, pues dicho país se regula por el principio de mayoría relativa.

Ahora bien, es importante precisar que los sistemas de representación proporcional no pueden ser aplicados cuando se disputan cargos ejecutivos de carácter unipersonal, de ahí que en esos casos se utilicen reglas de mayoría, como en la elección de presidente de la República, de municipios o bien de diputados en distritos cuyo número de representantes sea uno (existen distritos en otros países cuya magnitud, o número de curules en juego, es de dos o más).

Debe destacarse que precisamente la discusión sobre la proporcionalidad política para el caso de las curules plurinominales se ha centrado en el método específico mediante el cual se distribuyen los escaños. Dentro de la representación proporcional existen dos grupos principales: los que asignan por divisor y los que asignan por cociente. Debe señalarse que existe además el voto único transferible al cual se le atribuye el menor sesgo entre porcentajes de votos y porcentaje de curules, por ende, algunos le juzgan como un método realmente proporcional (Sartori, Ingeniería constitucional comparada. Una investigación de estructuras, incentivos y resultados, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, 20), sin embargo, dicho método se aplica con distritos con magnitud mayor a uno y supone listas no bloqueadas, lo cual no ocurre en el caso mexicano (ámbito federal) ni en la regulación local.

Las diversas fórmulas tienen por objetivo que las proporciones de escaños y de votos se correspondan tanto como sea posible. La diferencia entre dichas fórmulas estriba esencialmente en si realmente disminuyen o no dichas proporciones. Dentro del grupo de los divisores existen diversos métodos de asignación, como el D’Hondt, el Saint Laguë, el Saint Laguë modificado, el Danés o el Imperiali. Dichos métodos utilizan una serie de divisores, como 1, 2, 3, 4, 5, 6 y así sucesivamente en el sistema D’Hondt, o número impares como 1, 3, 5, 7, en Saint Laguë, o incluyendo el divisor 4 (1, 4, 3, 5, 7) como el Saint Laguë modificado, o bien 1, 4, 7, 10, 13 como el sistema Danés o incluso 2, 3, 4, 5 como en el Imperiali. Dichos sistemas operan dividiendo el total de votos obtenidos por cada partido entre el divisor correspondiente y asignándose las curules a los cocientes más elevados.

Respecto al grupo de cocientes, debe decirse que la mayoría de las fórmulas mexicanas se inscriben dentro de la familia de los cocientes, es decir, se fija un cociente que representa el número de votos que se requiere para alcanzar un escaño, de modo tal que los partidos obtienen tantos lugares como veces quepa el cociente en su votación. Los cocientes varían y por supuesto dan lugar a efectos diferentes.

Por ejemplo, un cociente pequeño (un número reducido de votos para alcanzar un asiento) beneficia a los partidos pequeños. En particular suelen utilizarse tres tipos de cociente, el natural, el simple y el Hagenbach, los cuales operan como sigue: el natural resulta de dividir la votación efectiva (incluyendo únicamente a los partidos con derecho) entre el total de curules a repartir; el simple que resulta de dividir la votación total (todos los votos depositados en urnas) entre el total de curules a repartir y el Hagenbach, que se obtiene dividiendo la votación efectiva entre el total de curules a asignar más uno, es decir, suponiendo que en una cámara se distribuyeran ocho curules, esta fórmula implica dividir entre nueve.

Los tres cocientes anteriores tienen efectos, pues el simple es un cociente mayor al natural y el Hagenbach es el menor de los tres. A los cocientes se les asocia un apellido o lo que también se conoce como resto, es decir el remanente de votos que no fue utilizado cuando quedasen curules por asignar. Y el tipo de resto utilizado también afecta o beneficia a los contendientes, como por ejemplo, el resto mayor o resto Hamilton, que es por cierto, uno de los restos aplicados en México, el cual beneficia a los partidos grandes, aunque existen otros restos, como el resto menor, o el mayor promedio, por lo que en conclusión, sea que se utilicen divisores o cocientes, se estará ante un método de proporcionalidad, el cual puede sobre o subrepresentar a determinadas fuerzas políticas.

Como se detalla en el breve recorrido por las reformas electorales en materia de proporcionalidad política, el caso mexicano privilegia a la familia de los cocientes.

La introducción de la representación proporcional en el sistema electoral mexicano obedeció, entre otros factores, a dar cabida a los votos de otras fuerzas políticas que pudieran ser convertidos en representación popular. Un ejemplo de esta ampliación de la representación, que no pudiera ser considerado exactamente como un sistema electoral tendiente a la proporcionalidad, pero sí como aun ampliación de la propia representación política fue el sistema de diputados de partido en el ámbito federal a partir de loa reforma publicada el 22 de junio de 1963 en el Diario Oficial de la Federación y en diecisiete entidades federativas con diversas variantes entre 1974 y 1977, cuyo funcionamiento se explica con detalle en los textos siguientes: Medina Peña, Luis, Evolución electoral en el México contemporáneo, Comisión Federal Electoral, México, 1978; Lujambio Alonso y Vives, Horacio, El poder compartido. Un ensayo sobre la democratización mexicana, Océano, México, 2000, 47-55; Lujambio, Alonso e Ignacio Marván, “La formación de un sistema electoral ‘netamente mexicano’. La reforma de los diputados de partido, 1962-1963” en Diálogo y Debate, año 1, núm., 1, 1997; Elizondo Gasperin, Macarita, “Transformaciones en más de setenta años de vida en materia electoral a partir del Constituyente de 1917” en Diplomado en Derecho Electoral Mexicano, UNAM, México, 1993, 21.)

Posteriormente sobrevinieron más reformas electorales, entre ellas destacan, la del 1 y 6 de diciembre de 1977, donde se incluyen cien diputados por el principio de representación proporcional, se determinan 300 diputados por mayoría relativa, se excluye del reparto de curules plurinominales al partido que obtenga más de 60 triunfos distritales y se define un umbral o porcentaje mínimo de votación para tener derecho a diputados en 1.5% de la votación nacional, además de segmentar al país hasta en cinco circunscripciones según lo determinara la autoridad electoral, como se explica con detalle en Cetina Menchi, David, “Los sistemas electorales y la elección de Diputados en México” en Asignación de diputados por el principio de representación proporcional en los Estados y el Distrito Federal, TEPJF, México, 1999 y Molinar, Juan, El tiempo de la legitimidad, Cal y Arena, México, 1991.

También la del 3 de noviembre de 1986 y 12 de febrero de 1987, aumentando a 200 diputados plurinominales el tamaño de la Cámara de Diputados, incluyendo la utilización forzosa de las cinco circunscripciones y la participación de todos los partidos en la distribución de los escaños de representación proporcional con independencia de los 60 triunfos distritales, además de los cuatro supuestos para aplicar la sobrerrepresentación al partido mayoritario tal que le permitiera alcanzar la mitad más uno del total de los escaños en juego, regulación también conocida como “cláusula de gobernabilidad”, como se describe en Woldenberg, José, “La reforma electoral de 1986” en Pérez Germán y León, Samuel, (coords.) 17 ángulos de un sexenio, UNAM-Plaza y Valdés, México, 1987, 225-246 y Molinar, Juan, “Los procesos electorales: 1983-1987” en Pérez Germán y León, Samuel, (coords.) 17 ángulos de un sexenio, UNAM-Plaza y Valdés, México, 1987, 189-223.

Asimismo, la del 6 de abril de 1990 que modificó el límite de diputados de un mismo partido en 350 curules, regulando nuevos supuestos para la llamada “cláusula de gobernabilidad” a partir de que el partido mayoritario obtuviera el 35% de los escaños, como se discute en Medina Peña, Luis, Hacia el nuevo Estado, México, 1920-1994, Fondo de Cultura Económica, México, 1995 y Cetina Menchi, David, “Los sistemas electorales y la elección de Diputados en México” en Asignación de diputados por el principio de representación proporcional en los Estados y el Distrito Federal, TEPJF, México, 1999.

Otra fue la del 3 de septiembre de 1993 que estableció como máximo para un partido político el 63% del total de curules (315 diputaciones) eliminando las regulaciones relativas a la “cláusula de gobernabilidad”, la discusión a detalle se encuentra en Medina Peña, Luis, Hacia el nuevo Estado, México, 1920-1994, Fondo de Cultura Económica, México, 1995 y Cetina Menchi, David, “Los sistemas electorales y la elección de Diputados en México” en Asignación de diputados por el principio de representación proporcional en los Estados y el Distrito Federal, TEPJF, México, 1999.

Y finalmente la del 22 de agosto y 22 de noviembre de 1996 en el ámbito federal, que redujeron el límite de diputados para un mismo partido en 300 curules, un porcentaje de sobrerrepresentación de 8% sobre la votación emitida en el país, además de fijar un umbral de 2% para tener derecho a la distribución de escaños plurinominales como se explicaba, entre otras modificaciones en Becerra, Ricardo, Salazar, Pedro y Woldenberg, José, La reforma electoral de 1996, Fondo de Cultura Económica, México, 1997.

La reforma electoral publicada el 23 de mayo de 2014 eleva dicho umbral al tres por ciento, para con ello conservar el registro y acceder a diputados de representación proporcional. Debe decirse que ese tres por ciento debe garantizar al menos un diputado plurinominal. Esto recuerda algunos casos donde el partido que perdía el registro nacional había regionalizado sus esfuerzos y por ende sus votos, obteniendo al menos una curul.

Ahora de la siempre interesante historia de la representación proporcional en “las entidades de la federación mexicana”, como solía llamar Alonso Lujambio a los arreglos electorales locales, destaca que las numerosas modificaciones en el plano local se dieron a partir de la reforma constitucional de diciembre de 1977, que además modificó la fracción III del artículo 115 constitucional, y posteriormente la reforma del 17 de marzo de 1987 que reguló a los diputados plurinominales locales desde el artículo 116, el cual volvió a ser reformado en 1996 para tener desde esa fecha, una representación política en los poderes legislativos federal y locales, con los dos sistemas electorales combinados, es decir, un determinado número de curules se eligen por el principio de mayoría relativa y otro mediante representación proporcional, con sus respectivas variantes, según la entidad federativa que corresponda, pero siempre en términos de proporcionalidad.

Algunos de estos arreglos se observan hoy en la reforma electoral de 2014, la cual establece para las entidades federativas algunas condiciones que deben ser comunes: a) se eliminan todas las cláusulas de gobernabilidad; b) el límite de sobrerepresentación se fija en ocho puntos; y c) existe límite a la subrepresentación por ocho puntos también.

Sin embargo, lo que sí cambia, sea para los estados y el DF o sea para la federación, es cómo calcular los totales de votos. Véase el caso federal. Un primer total es la votación total emitida, la VTE que son todos los votos depositados en urnas.

La Constitución en su artículo 54, fracción II establece que “todo partido político que alcance por lo menos el tres por ciento del total de la votación válida emitida para las listas regionales de las circunscripciones plurinominales, tendrá derecho a que le sean atribuidos diputados según el principio de representación proporcional…” Esto significa que existe una nueva definición, que es la VVE, la cual es VVE = VTE – blancos – nulos – candidatos no registrados. Esta definición sirve para determinar el tres por ciento para tener derecho a diputados plurinominales.

Por otra parte, el artículo 41, fracción I, cuarto párrafo de la Constitución establece que “el partido político nacional que no obtenga, al menos, el tres por ciento del total de la votación válida emitida en cualquiera de las elecciones que se celebren para la renovación del Poder Ejecutivo o de las Cámaras del Congreso de la Unión, le será cancelado el registro”. Esto significa que la VVE tiene una función primordial: dar o quitar registros partidarios y por supuesto determinar quien accede a diputados plurinominales.

Más adelante, el mismo artículo 54, en su fracción III señala que “al partido político que cumpla con las dos bases anteriores, independiente y adicionalmente a las constancias de mayoría relativa que hubiesen obtenido sus candidatos, le serán asignados por el principio de representación proporcional, de acuerdo con su votación nacional emitida, el número de diputados de su lista regional que le corresponda en cada circunscripción plurinominal…”

Esto significa que la VNE, la “votación nacional emitida será la que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido el tres por ciento de dicha votación, los votos emitidos para candidatos independientes y los votos nulos”. Esto es importante porque ahora la legislación para elecciones federales ya incluye candidatos independientes, pero estos candidatos sólo pueden participar por el principio de mayoría relativa, ya que los partidos conservan el monopolio del registro de listas por el principio de representación proporcional. Entonces sería VNE = VTE – partidos que no alcanzan el 3% – blancos – nulos – candidatos no registrados – candidatos independientes.

Hasta aquí las definiciones (queda una más, la votación nacional efectiva, pero ésa es para distribución de curules específicamente). Resumiendo, supongamos que el partido del rombo (es un nuevo partido de un país lejano) compite en la elección de ese país imaginario en junio de 2015. Supongamos además que todos los votos depositados en urnas fueron 104. También supongamos que una persona anuló su voto (#noerapenal), una persona votó en blanco, dos personas votaron por un candidato no registrado y siete personas votaron por candidatos independientes. ¿Cuántos votos necesitaría el partido del rombo para conservar su registro bajo las reglas electorales mexicanas del 2014 aplicables a esta elección de junio de 2015? Al menos tres, porque el nulo, el blanco y los dos por candidato no registrado no cuentan para calcular el porcentaje de votos con el que se conoce si un partido alcanza o no el registro partidario.

Por último, se ofrece, con base en los últimos datos de los cómputos distritales del 11 de junio de 2015, los porcentajes de votación por partido y una posible distribución de curules, sujeta, claro está, a cambios derivados de decisiones de los tribunales electorales. Debe notarse que falta un distrito por el principio de mayoría relativa que no fue asignado en los propios cómputos reportados por el Instituto Nacional Electoral (cómputos distritales). Espero que este tortuoso tema haya sido de su interés.

resumen2015

About Alejandro Diaz Dominguez

Professor, School of Government at Tecnológico de Monterrey. PhD in Political Science at Vanderbilt University. [religion and politics, R, surveys, electoral management bodies] Twitter: @alejdiazd https://orcid.org/0000-0002-3856-5686 View all posts by Alejandro Diaz Dominguez

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